domingo, 6 de marzo de 2016

CUARESMA...

Se me va de las manos esta cuaresma, igual que se nos va de las manos, como las cuentas de un rosario sempiterno, las horas, los días, las semanas que componen este tránsito hacia una vida eterna en la que debe esperarnos una infancia ingenua, sin dolor y sin maldad, duradera, infinita quisiera, donde la cuaresma no llegue se sienta, donde nada se espere, se viva, donde Su presencia no se busque , se tenga.
Me faltan horas, y quizás esta semana me he dado mas cuenta, porque no he llegado a ser lacerado con esa mirada bondadosa que me renueva la Fe, no he cruzado Tu puerta, no he vivido en la penumbra de una tarde de la ya cercana primavera.
Son tiempos de carreras, son horas que no llegan, se van, por eso la duda me asalta, ¿la reflexión, el desierto, la torre que se derrumba y deja muertos? ¿Estarán haciéndome pensar demasiado, me habré perdido entre las finas arenas deambulando sin rumbo y cayendo en la tentación del olvido, de no valorar lo verdaderamente importante, me creeré un muerto de Siloé?
Hoy Tu mirada y tu presencia debe darme un vuelco a mis pensamientos, espero rozar mi Fe de nuevo y ver la Luz antes de que todo pase, antes de que sea tarde, porque ahí fuera todo corre , nada te espera, nadie te espera, solo aquella puerta entreabierta que hay al final me espera para que nos demos cuenta que el camino aunque sea fácil, feliz y muy liviano es el mismo para todos, y con un mismo final detrás de la puerta. Una Luz cegadora que te hará comprender. No se si lo estaré haciendo bien pero aunque me asalte la duda, me queda la satisfacción de saber que aunque me ande perdido en el desierto, vivo en un oasis con tres soles alineados, unas palmeras que me resultan familiares, y un agua que se ha convertido en mi amiga, y me hacen mas cómoda la senda hasta aquella puerta.

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