domingo, 16 de abril de 2017

EL TIEMPO

La tarde parece que no se ha dado cuenta.La luz que vino para quedarse sigue brillando, haciendo que destelleante, el ojo sufra la herida de lo que paso, de lo que guardo, de lo que interiorizo, de lo que hizo sentir, vivir, tocar, oler, amar.
La tarde no sabe lo que paso, el tiempo, ese monstruo que todo lo arrasa, ha hecho que la tarde se vaya sin remisión, pero,  yo vi pasar la Luz refulgente cuando todo era un presentimiento, lo vi andar cadencioso, morado, eterno, elegante, y cuando aún el paladar consumía el almíbar de un domingo antes de que todo comenzara, lo vi pasar de nuevo morado silente, morado largo, y respetuoso, que me hizo ver que la noche pese a que sea la noche del camino a la muerte, del camino a la cruz, puede ser noche a la anochecida, antes de que todo sea negro.
Porque en el albor de la anochecida también vi pasar Cautiva la Salud, camine a su vera y pedí Salud para los míos, pedí Salud para mis amigos, pedí Salud para su hermandad, pedí Salud para mi ciudad, pedí Salud para la Tierra, pedí Salud....y Ella salió resplandeciente para confortarnos y a derrochar con arte ese Salud. Enhorabuena de veras.
Y ese tiempo de repente nos hizo ver dos veces el Dolor de un barrio que la quiere, de dos maneras diferentes, una primera solo para ellos y de un manera en la que se pasea, se regodea, en sus calles, sabiéndose la vecina con más ojos clavados de todo un barrio,¡ que tarde noche de viernes de Dolores!¡ que empujón a esa puerta que ya se empezaba a abrir!,¡ que manera de llamar a las puertas del Cielo mismo que es un barrio! , que es una Virgen y que es un palio con una cuadrilla de aniversario a la que habría que condecorar con la medalla del arte. El jueves sale a repartir también ese aroma de barrio, esta vez a toda la ciudad, una ciudad que vio pasar al Dulce Nombre de Maria, al que le faltaba un apóstol sentado en la mesa de la última cena, un apóstol que lo ha sido todo en la hermandad y que este año tan solo la ha visto pasar, Luis, no desesperes que pronto estarás otra vez al pie del cañón con la túnica puesta y llevando esa vara de manos que alzan el cuerpo de Dios. También habrás de ver al Señor del Carmen, al Señor de las Penas al que se paseó contundente un martes Santo dando sentido al silencio, alargando la zancada a la vida de una hermandad que crece, que se le espera. Que cantidad de hombres buenos hicieron de la zancada, una manera de transmitir elegancia.
Y aunque en silencio, lejana,vi pasar la Esperanza, sentí el verdor de su manto, de la prestancia de su gente y de sus nazarenos de estampa.
En esta semana que parece que no pasa, todo llega, todo se mueve, como ese flagelum que parecía ser la batuta de un director de música para que, esta, sonara tras de El, el Jefe, mi Jefe, este año de aniversario, en el que si tuvo a sus plantas el clavel, tuvo la cuerda ciñendo sus muñecas para que no se fuera, para que siempre se quede amarrado a la columna de un Miércoles Santo radiante, blanco de túnicas desbordantes, de una zancada queda, de un compás que hacia presentir el Consuelo de un palio arrollador, desvergonzado en su caminar, exultante.
Y si la música de la banda de la Morena del Prado sonó desbordante el Miércoles, y el resto de los días, no menos sonó en el caminar de una agrupación que acompasa los corazones de esta tierra, Santo Tomás sonó , y nos Cautivo. Y de tierras cercanas nos envolvió con otros sones una banda que acompañó a Dios muerto, al que por el costado derramaba Piedad, dulzura, transportándonos a un tiempo no muy lejano donde la Piedad recorrió céntrica, la ciudad, que acierto poder verte tan cerca siempre rodeado, siempre acompañado.
Pero cuando la tarde de hoy parecía hacerme ver que estaba solo, me acorde de Ella, de la que pese al calor, nunca fue Sola, porque llevaba en su caminar un cortejo, una compañía que aun en su Amargura, supo caminar manteniendo los dos pies, reposando la vida, el tiempo, reposando la raza costalera, que también tenía la Soledad de María, que gran categoría de gente comprometida, que manera de hacerme perder la cabeza, que locura en su caminar, que poderío en sus vueltas, que majestuosidad en su andar, no me dejes solo, Soledad, que aunque la vida pase de un domingo de Ramos, a un sábado santo,no se estar solo, y tu tampoco, que aunque el tiempo todo lo cambia, no quiero cambiar el recuerdo de esa noche, donde una cuadrilla me hizo emocionarme como hacía tiempo.
Tempus fugit , pasa, arrasa con lo que puedas que yo guardare en mi memoria la vida que vi pasar en una Semana, en la Semana de mi vida, y llévate por delante los momentos, no las estampas, y vuelve pronto que ya te espero, para que me derrumbes una nueva Semana Santa, para que inundes mis ojos de nuevo, para que te vea pasar agarrado de la cintura de una Rosa de primavera, y prendido de las manos de las gotas de Rocío que siempre al Alba me hacen despertar en un tiempo que esta por llegar, de un tiempo que de nuevo ha de pasar.