domingo, 4 de octubre de 2015

SOLEDAD


No ha pasado nada mas que una semana, y aún huelo a cera y al llamear humeante de unas velas que iban grabadas a fuego con el nombre de gente soleana, aún huele a nardos por las calles como si de un veintidós de agosto cuando solo Ella huele a nardos, y huelo a incienso de Semana Santa, y a fatiga costalera cuando un calor axfisiante sale del respiradero de un paso bien trabajado por unos hombres buenos, valientes, sufridos pero sobretodo costaleros de la Madre de Dios vestida de Soledad.
Dias para el gozo,  para el recuerdo, para la nostalgia, para la pena de no haber sentido su figura a nuestro lado, de no poder culminar, después de tanto trabajo y después de tantas horas soñando con un  paso de palio en extraordinaria procesion, con la salida a la calle a Su vera, aliviando Su Soledad, nuestra Soledad, la Soledad de un pueblo que le debe un trabajo incansable por nuestra Semana Santa, por el resurgir de las cofradias, por traer el costal a una ciudad que hoy se vuelve loca en la semana grande de un pueblo que vive y siente a Dios mas vivo que nunca porque lo ve moverse, lo ve andar, lo ve humano, cercano, vivo....
No pudo ser, y la Soledad sintió su ausencia, sus costaleros hicieron el trabajo a sabiendas de que el estaba allí con ellos en cuerpo y alma, con su genio de mando, con su voz desgarrada, con su aliento costalero, con su desmesurado cariño por el que trabaja siendo los pies de una Madre a la que todos le rezan, con su cuidado en los esfuerzos, con las medidas justas de las chicotas, y con sus indicaciones siempre oportunas para no lastimar a nadie bajo el paso.
No pudo ser, pero será, y volveremos a verlo de negro mandando la Soledad.
Porque solo hace una semana, y yo sigo sintiendo Soledad, de no tenerte a mi vera cuando por la calle vas, Reina del Sábado Santo, tu que cierras la portá, de una semana de pasión, cuando vestida de negro luto reviras hacia tu altar, con ese cajón por palio que hace mas serio tu transitar. Dime si me das la mano, o se te puedo acompañar, buscando la mano de un hombre que no te pudo llamar, un sábado de septiembre en un sueño de Soledad.
Solo me queda pedirte que cojas su mano y le libres de todo mal, que pueda tenerte por años a tus plantas Soledad, y que agarre con fuerza el martillo cuando se disponga de nuevo a llamar, a la gente que un sábado en septiembre noto su soledad.

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