miércoles, 21 de diciembre de 2011

DESCUBRIENDO EL ALTAR DE DIOS


Cuentan que cuando Francisco Antonio Ruiz Gijón talló el paso del Señor de Sevilla, en 1692, escondió un secreto sobre su simbolismo, una interpretación iconográfica que supuestamente se basaba en la figura y advocación de la imagen: el Gran Poder de Dios, ya que la obra es un compendio de escenas que, según esta teoría, giran en torno al Poder de Cristo, de la que escribió Góngora.

Hoy, más de trescientos años después de su hechura, el misterio que encierra el retablo andante del Señor «no es que sea desmontado, sino que puede tener varias interpretaciones, según lo mire un teólogo o un historiador», tal y como indicó el investigador que ha trabajado sobre el paso durante los últimos meses, José Luis Gómez. «Esta teoría —dice— se ha interpretado con criterios del siglo XX, cuando la devoción de la imagen ya era universal». No obstante, cuando Ruiz Gijón lo talló, «el Gran Poder apenas tenía más de 70 años, pertenecía a la cofradía del Traspaso y ni siquiera era la imagen más famosa de la ciudad».

Según Gómez, que ayer explicó los entresijos históricos y patrimoniales del imponente paso del Señor durante la jornada de puertas abiertas del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico (IAPH), donde se está llevando a cabo una restauración integral, «el paso tiene una gran carga iconográfica: escenas del Antiguo Testamento, de la Pasión, una parábola del Hijo Pródigo, los Evangelistas y los ángeles pasionistas, buscando, como un retablo, ejemplificar los misterios de la Iglesia a través de la talla y no un discurso en torno a la imagen de Jesús del Gran Poder». «Está claro que la interpretación está en torno a ejemplicar los modelos de la Pasión de Cristo y el anuncio de la llegada de Cristo mediante esas parábolas y el Antiguo Testamento y los símbolos del Martirio, pero creo que nada más», comentó el investigador. Eso sí, «está pensado para llevar la imagen de Jesús Nazareno, como muestra su cartela central».

Estas investigaciones, obtenidas durante el proceso de estudio previo a la restauracón, que fue de ocho meses y sigue creciendo a lo largo de la intervención, definen la calidad artística «impresionante» del paso, «concebido como una microarquitectura que está basada en la obra del Barroco clásico romano, con un juego de volúmenes, salientes y entrantes y curvas y contracurvas que parece que no tienen valor porque va la imagen arriba y sabemos la importancia que tiene el Gran Poder, pero que ahora lo vamos a recuperar», señala.

Una de las investigaciones más importantes llevadas a cabo es la datación de las distintas restauraciones y cambios que ha tenido el paso, tanto de faroles, respiraderos... También, se descarta la teoría de que Bernardo Simón de Pineda fuera quien diseñó el paso ya que «no hay ningún vínculo entre Ruiz Gijón y Simón de Pineda», por lo que esto se hizo «para darle pedigrí a la obra», al ser uno de los más grandes retablistas del Barroco.

El canasto, tallado en madera de cedro, con 24 angelotes, ocho cartelas y seis ángeles pasionistas coronando la canastilla, está considerado como el más antiguo de la Semana Santa y, aunque ha cambiado su policromía y el dorado en el pasado, la talla original se ha conservado perfectamente.

Todo su esplendor

Con la restauración en la que están trabajando Enrique Gutiérrez Carrasquilla y Pedro Manzano —en la limpieza y fijación de estructuras del canasto, así como en los 24 angelotes— y diversos trabajadores del IAPH con el resto de elementos, se van a recuperar valores estéticos que estaban invisibles desde hace años.

Uno de éstos redescubrimientos es la trasparencia del calado del paso. Ese calado, por el que se podrá ver el interior del paso y que aportará una mayor ligereza en la calle, estaba tapado por una tela para que no se viera a los costaleros, sobre todo antiguamente cuando los profesionales, debajo del paso, fumaban entre otras cosas.

También, y como anunció el hermano mayor, Enrique Esquivias, «en el paso se notará la restauracion aunque conservará la impronta de oro mate, que ha tenido en los últimos años». Eso sí, van a salir elementos ocultos como policromías y brillos. Esto generará que el efecto del paso en la calle tenga contrastes lumínicos, en los recovecos, las hojarascas...

Esquivias se mostró ayer «muy satisfecho» por cómo está quedando el paso, ya que se están cumpliendo los plazos y cree que llegará «con holgura» antes de Semana Santa que, como es lógico, es la fecha tope prevista. La restauración, que una vez finalizada se presentará y probablemente se expondrá al público, «era necesaria porque estaba en un estado preocupante» y, según el hermano mayor, «el IAPH era el organismo más idóneo porque tiene un régimen multidisciplinar de trabajadores».

Sobre la posibilidad de que el paso sea levantado a pulso, al contario de cómo es tradicional, Enrique Esquivias lo descartó «aunque lo estudiaríamos si nos lo pide el Instituto».

El presupuesto de la restauración del paso tiene un coste de 137.000 euros, 100.000 aportados por la hermandad y 37.000 por la Consejería de Cultura.

Texto: ABC de Sevilla
Fotografía: Kako Rangel

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